Cuando nos toca pensar en supuestos tácitos, analizamos, estudiamos y pronunciamos los prejuicios más incoherentes para huir y no afrontar; sin querer nos alejamos de nuestro propósito. Soñar no es una alternativa ilógica, no es un pensamiento que llegó a tu mente por llegar, no es un viaje sin destino que en la encrucijada de su camino se topó contigo, soñar es imaginar tu sueño hecho realidad.
Tu sueño es el profundo deseo de Dios, es el propósito eterno de su voluntad para tu vida, es el ganar/ganar de Dios para tí. El día que Él te diseñó, ese día perfecto, unió los dos ADNs necesarios para tu existencia, y ahí, justo ahí, nació y se formó tu sueño, es decir, el sueño de Dios.
"Un sueño sin acción es solo una ilusión", entonces, Dios solo está esperando que "hagas" lo que tienes que "hacer", has lo posible que Él se encargará de lo imposible.
Es tu tiempo de hacer y de volver a tener sentido y sentidos por soñar.
Daniel y Carolina.
2011.
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